Columna del Decano en El Colombiano: Origen de la Corrupción

Luis-Fernando-AlvarezPor LUIS FERNANDO ÁLVAREZ J.* | Publicado en El Colombiano el 21 de febrero de 2014

Para garantizar la transparencia y combatir la corrupción en la contratación estatal, se expidieron, entre otras, la Ley 80 de 1993, la Ley 1150 de 2007 y últimamente la Ley 1474 de 2011. No obstante en esta y otras materias, los casos de corrupción que con frecuencia se denuncian en los medios de comunicación, en los despachos judiciales y en otras instancias, obligan a reflexionar sobre el origen que en nuestra sociedad puede tener este flagelo.

La respuesta hay que encontrarla en los fundamentos mismos del comportamiento social. El entorno familiar y social hace que desde su más temprana infancia se estimule en el niño comportamientos tramposos que en lugar de ser objeto de censura, son alabados como formas superiores de conducta. El héroe de la cuadra, del barrio, del salón de clase, del grupo de amigos, es aquel que se distingue por "vivo", o como decían nuestras abuelas, por "avispado". Y sobresale entre compañeros, amigos y familiares porque engaña al tendero, (paga un pan y se lleva dos), o sale a hurtadillas de la casa violando las reglas establecidas por sus padres, o en el colegio contesta a lista y luego se "vuela"; en fin, el personaje de la escuela es quien hace "pastel" en los exámenes o copia la tarea del compañero durante el trayecto del bus escolar.

Un informe de la Gobernación de Antioquia señala que el 80 % de los estudiantes universitarios de Antioquia dijo haber dejado que un compañero le copiara en un examen y el 11 % afirma haber presentado como propio un trabajo que bajó del internet. Se sustraen ocultamente los temas de exámenes. Se falsifican certificados para acreditar idoneidad en una lengua extranjera, se venden cupos para ingresar cursos, se paga a quienes manejan los sistemas de notas, para afectar asignaturas reprobadas y convertirlas en cursos aprobados. Se trata de comportamientos que poco a poco construyen la cultura de la corrupción.

Esa desfiguración cultural hace ineficaces las normas sobre control. Abogados y jueces acuerdan otorgar pensiones ficticias, médicos y otros profesionales desvían los dineros de la salud, altos funcionarios de la Rama Judicial obtienen pensiones a través de maniobras poco éticas, funcionarios y particulares de alto rango social se involucran en fraudes contractuales, miembros de las Fuerzas Militares asumen conductas censurables. En fin, lo lamentable es que los casos de corrupción sancionados o en investigación, parecen no tener fin. Esa corrupción que pone a nuestro país en un triste puesto de vanguardia en el contexto mundial.

Lo expuesto, que es apenas una muestra, lleva a concluir que en Colombia la corrupción no se limita a unas cuantas manifestaciones aisladas de conducta, sino que se trata de una enfermedad que impregna nuestra sociedad. Nacemos en medio de ella, nos movemos en la misma y llegamos a creer que es un comportamiento normal, no censurable. Mientras no se remedie la enfermedad, replanteando un esquema societario de valores y principios, podemos seguir expidiendo estatutos anticorrupción, pero el mal seguirá creciendo.

* Expresidente del Consejo de Estado y Decano de la Escuela de Derecho de la Universidad Pontificia Bolivariana

Foto: El Colombiano.