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Columna del Decano: Pedagogía del plebiscito la pregunta (I) y la pregunta y la respuesta (II)

Luis-Fernando-AlvarezPor LUIS FERNANDO ÁLVAREZ J.* | Publicado en El Colombiano el 2 y el 9 de septiembre de 2016.

PEDAGOGÍA PARA EL PLEBISCITO: LA PREGUNTA (I)

En esta columna hemos afirmado que desde el punto de vista jurídico, el denominado plebiscito para la paz no era necesario, porque el Presidente no tiene la obligación constitucional de acudir a la ciudadanía para reafirmar los acuerdos suscritos, y especialmente porque según la interpretación de la Corte Constitucional, con un umbral del 13 %, cualquiera sea la respuesta, finalmente se impondrá el SI.

Sin embargo, aprobada la idea del plebiscito, es nuestro deber como académicos, iniciar un proceso intenso de pedagogía ciudadana. En este orden de ideas, el primer punto de análisis debe ser el relacionado con la pregunta que se formula, para cuya comprensión es importante revisar el antecedente histórico contenido en el plebiscito de 1957.

La Junta Militar, atendiendo los acuerdos suscritos entre los partidos tradicionales, expidió el decreto legislativo 0247 del 4 de octubre de 1957 por medio del cual convocó a todos los varones y mujeres mayores de 21 años para que expresaran su "aprobación o improbación a un texto indivisible" integrado por un preámbulo y 14 artículos relacionados con temas tan importantes como los derechos políticos de las mujeres, elecciones populares paritarias para corporaciones públicas, la institucionalización de la carrera administrativa, la obligación para el Gobierno de invertir no menos del 10 % del presupuesto en educación y otros. El decreto legislativo 0251 del 9 de octubre, adicionó lo relacionado con la conformación paritaria de las Altas Cortes y su integración por cooptación.

El decreto legislativo 0252 de octubre 16 de 1957 dispuso que el plebiscito se efectuaría el 1 de diciembre de 1957 y en su artículo 8° estableció que "las papeletas que han de usarse en el plebiscito llevarán, a manera de título, la siguiente leyenda: "Voto sobre la reforma constitucional propuesta por el Gobierno Nacional en los decretos 0247 y 0251 de 1957. El ciudadano en la misma papeleta dirá "SI" o "NO", como aprobación o negativa, respectivamente, del texto indivisible de la reforma".

Se trató de un enunciado demasiado técnico, pues remitió al ciudadano a otros textos normativos, todos ellos con contenidos técnico jurídicos bastante complejos. No obstante las críticas que originó, el plebiscito fue aprobado por abrumadora mayoría y sirvió de fundamento para las relaciones jurídico-políticas del siglo XX.

La pregunta que se formulará el 2 de octubre, dice: "¿Apoya el acuerdo final para terminación del conflicto y construcción de una paz estable y duradera? Aunque es más genérica y menos técnica en su enunciado, exige una mayor pedagogía respecto a su contenido y alcance.

En efecto, independiente de los análisis que se harán en futuras entregas, la pregunta permite exponer los siguientes interrogantes: (i) Qué efectos tiene que se hable de apoyar, no de aprobar. (ii) Qué alcance tiene, especialmente a nivel internacional, que se hable de acuerdo final sin mencionar que se suscribe entre el Gobierno y las FARC.

(iii) Para la historia y para las instancias nacionales e internacionales, qué significa hablar de terminación del conflicto.

PEDAGOGÍA PARA EL PLEBISCITO: LA PREGUNTA Y LA RESPUESTA (II)

De los estudios y programas permanentes que viene desarrollando la Facultad de Ciencias Políticas de la UPB, pueden extractarse algunas claves para una adecuada comprensión del documento de La Habana:

1. La búsqueda por la paz no se discute, pero sí los medios para alcanzarla. El horizonte de sentido que ha ofrecido la cultura occidental para resolver conflictos, se ha centrado en la argumentación racional, el Derecho y la dignidad de la persona humana. Ésta última ha estado alejada en los acuerdos.

2. En términos lingüísticos, la pregunta por el plebiscito está bien construida, cumple con las exigencias de la sintaxis. El título del acuerdo está incluido en la pregunta y se ha elegido el verbo "apoyar" en lugar de "aprobar", que a la larga expresan lo mismo y no advierten ambigüedades. Faltó escribir entre comillas el título del acuerdo e incluir la referencia a los actores y al conflicto concreto, porque el conflicto, como genérico, es una condición normal de la política.

3. En 24 de agosto de 2016 es un día histórico porque permite recuperar la idea de que en el mundo de la razonabilidad política, el "otro" puede entenderse como un adversario y no como un enemigo. En Colombia hay una relación de la violencia política que necesariamente hay que romper desde la participación ciudadana y procesos deliberativos.

Se abre una ventana de oportunidades para cambiar la historia del país. Esta no es la fecha de la paz, sino una posibilidad para lograr una paz sin solución armada, pero su impacto será notorio porque motivará la desaparición de otras violencias.

Marca el fin de una etapa y el inicio de otra; pero, nada está resuelto, se inicia la posibilidad de escribir una historia diferente. Si gana el SI, vendrán años de reconstrucción de paz con un sentido distinto de la práctica política.

4. Una cosa es hacer las paces y otra construir la paz, hacer paces es solo una negociación para poner fin a una confrontación armada. Sería "cambiar botas por votos". Se requiere de otros mecanismos para reconstruir la paz.

5. Lo importante no es únicamente el acuerdo, sino también su contexto. Un acuerdo de paz es una negociación adelantada según unas reglas establecidas, con o sin ayuda de terceros, garantes, acompañantes u observadores. El acuerdo no es de un partido o gobernante, es de toda una sociedad. En consecuencia, votar por el Sí o por el NO, debe ser congruente con la esencia del acuerdo.

6. En efecto, en esencia el acuerdo es más un instrumento de transacción que de transformación. Ésta se plantea fundamentalmente para momentos futuros, como sucede con lo atinente al desarrollo rural. Pero en términos de transacción, la guerrilla, como condición para participar en la vida política, acepta su derrota en este campo, pues el documento no cuestiona el modelo de Estado, al establecer como marco de interpretación los artículos 22 y 95 de la Carta Magna.

* Expresidente del Consejo de Estado y Decano de la Escuela de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana

Foto: El Colombiano.

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