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Desde la Decanatura

Columna del Decano: Un pequeño gran premio

Luis-Fernando-AlvarezPor LUIS FERNANDO ÁLVAREZ J.* | Publicado en El Colombiano el 14 de octubre de 2016.

Aprovechando la semana de receso en las actividades de los colegios y dada la posibilidad de que muchos padres de familia estén compartiendo con sus hijos unos días de descanso, he querido reflexionar de manera un poco jocosa, sobre el comportamiento de algunos sectores frente a grandes acontecimientos como los acuerdos de paz.

Un estudio de la revista Science Advances, citada por este periódico, concluye que la envidia es la conducta humana que predomina. Este tipo de comportamiento, parece haber penetrado de manera histórica nuestro espíritu, debido a una oscura influencia que puede tener su origen en los albores mismos de la conquista y la colonia, originando un acentuado sentido de crítica destructiva y peyorativa y un extraño afán por desconocer la grandeza de lo nuestro, en todos los campos del ser y el saber.

Llegar a los altares de la iglesia tenía el sentido de un gran misterio de inigualable belleza, reservado para seres superiores, con cualidades por encima de las humanas corrientes. Ello fue así hasta que el Pontífice canonizó a la madre Laura Montoya. Tener una Santa de Jericó, con un apellido tan paisa, hizo que para algunos, la hermosa virtud de la Santidad perdiera grandeza.

El premio Nobel de Literatura tuvo una inigualable grandeza, hasta que se le concedió a un hombre como Gabriel García Márquez. A partir de aquel momento, hay quienes afirman que dicho premio no es más que una contraprestación para el autor que mueva determinadas redes de distribución y publicidad. Afirman, que no de otra manera se puede explicar que se le haya otorgado a una persona proveniente de un poblado donde no se sabe qué es un libro y de un país cuyo promedio de lectura hombre es de menos de un libro por año.

Pero el más alto grado de desprestigio para el comité del Premio Nobel, se consolidó la semana pasada, cuando su director avisó por teléfono al presidente Santos que había sido honrado con el Nobel de la Paz. Inmediatamente se conoció la noticia, ciertos sectores de opinión difundieron mensajes quitándole importancia y trascendencia al premio.

Concederle el premio Nobel de Paz al presidente de Costa Rica, a una líder indígena de Guatemala, al presidentes de los Estados Unidos, podía conllevar cierto cuestionamiento, pero para algunos colombianos el colmo del desprestigio fue habérselo otorgado a nuestro presidente.

Los comentarios peyorativos no se dejaron esperar. Mensajes de distinta índole, como el siguiente: el premio se politizó, razón por la cual se le otorgó a quien más pagó por él o más poder de intriga desarrolló a través de actos como la designación de Noruega como país observador de los diálogos de paz.

En fin, lo importante era desprestigiar y restarle importancia al premio, ignorando las razones trascendentales por las cuales se le otorgó al presidente Santos.

Surge una pregunta: ¿Una sociedad, en la que la envidia es la conducta humana que predomina, podrá culminar exitosamente un proceso de paz?.

* Expresidente del Consejo de Estado y Decano de la Escuela de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana

Foto: El Colombiano.

Columna del Decano: BREXIT colombiano

Luis-Fernando-AlvarezPor LUIS FERNANDO ÁLVAREZ J.* | Publicado en El Colombiano el 7 de octubre de 2016.

En este espacio de opinión se formularon tres advertencias: (i) Que el plebiscito no era constitucionalmente necesario. (ii) La posibilidad que se presentara una situación similar al denominado Brexit en Inglaterra. (iii) La incertidumbre sobre los efectos del triunfo del NO. Para los intereses del Gobierno y de algunos sectores del país, estas advertencias debieron escucharse.

Primera Advertencia: Diferentes voceros conceptuaron que el plebiscito no era necesario. En efecto, según la Carta (arts. 115, 189 y concordantes) el Presidente de la República como Jefe de Estado, de Gobierno y Suprema Autoridad Administrativa, tiene plenas facultades para adoptar medidas sobre asuntos que de alguna manera tengan incidencia sobre el desarrollo del orden público, en especial si se trata del control de grupos que se encuentran al margen de la ley (arts. 189 N°4, 213, 214, 296 de la C.P).

Segunda Advertencia: Recurrir a la institución del plebiscito, es una opción de participación democrática que consagra el artículo 103 de la Constitución, con los riesgos y virtudes que implica un procedimiento de esta naturaleza. Precisamente uno de esos riesgos, es concretar en una sola pregunta, una serie de temas, muchas veces de naturaleza heterogénea.

Esta situación genera varias posibilidades: (i) Que los ciudadanos estudien en detalle su contenido y no obstante encontrar que en general se ajusta al marco constitucional, encuentren que uno o dos puntos no corresponden al sentimiento popular y por tanto constituyen argumento suficiente para negar su apoyo a todo el texto. (ii) Puede suceder que por buscar una sola respuesta, el electorado termine apoyándose en un mensaje central, no con argumentos de razonabilidad, sino con elementos de emotividad, ligados con ideologías, movimientos o partidos políticos, de manera que el plebiscito se vota, no tanto por su contenido, intrínsecamente considerado, sino por sus implicaciones en materia de lealtades o apoyos políticos. Algo de ello pudo haber ocurrido el pasado 2 octubre.

Tercera Advertencia: Se refiere a la falta de respaldo. El resultado inesperado del domingo en Colombia no es extraño, ni el primero que se presenta en un evento de esta naturaleza.

Votaciones contrarias a lo normalmente esperado, con incertidumbres similares a las provenientes del resultado del domingo, se presentaron en plebiscitos o referendos adelantados en Francia, Guatemala, Chipre, Cataluña, Escocia y el reciente de Inglaterra.

El Gobierno Británico lo convocó convencido que podía obtener un gran apoyo popular para legitimar su permanencia en la Comunidad Europea; sin embargo, cuando se dieron a conocer los resultados, los más sorprendidos fueron quienes votaron por la salida de la Unión (Brexit). Ningún sector tenía un plan B para enfrentar dicho resultado, cuyo principal efecto político fue la renuncia del Primer Ministro.

En Colombia la situación parece similar, con la salvedad de que no es prudente ni conveniente solicitar la renuncia del Presidente.

En un sistema presidencialista, con marcada inestabilidad política y un orden institucional en duda, es necesario apoyar las autoridades constituidas y lograr un consenso que permita construir medidas de solución.

* Expresidente del Consejo de Estado y Decano de la Escuela de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana

Foto: El Colombiano.

Columna del Decano: 80 años de la UPB

Luis-Fernando-AlvarezPor LUIS FERNANDO ÁLVAREZ J.* | Publicado en El Colombiano el 23 de septiembre de 2016.

En septiembre de 1936 un grupo de profesores y estudiantes de la Facultad de Derecho de la U. de A., como una reacción contra la falta de apertura conceptual y la imposición de ideologías contrarias a los valores y principios contenidos en la doctrina social de la iglesia, con la valentía que requería un acto de esa naturaleza, solicitaron el apoyo del arzobispo de Medellín Tiberio de J. Salazar y Herrera, para buscar nuevos horizontes para desarrollar sus proyectos educativos. La arquidiócesis dio pleno respaldo al justo anhelo y expidió el decreto por medio del cual se oficializó la creación de la Universidad Católica Bolivariana.

La sociedad requería un nuevo pensamiento basado en el respeto del orden y la autoridad y la defensa de la dignidad del hombre, y fue a través de la fundación de la nueva universidad católica, que se logró hacer realidad aquel anhelo. En 1945 el Papa Pío XII elevó la universidad al rango de Pontificia, un título que solo detentan dos universidades en Colombia y unas pocas en Latinoamérica.

La universidad ha crecido, manteniéndose fiel a sus principios. El postulado actual de innovación y tradición, muestra una universidad que ha sabido combinar con paciencia y sabiduría la evolución epistemológica y metodológica en el saber, con la defensa de sus principios, contenidos en la doctrina social de la iglesia y las enseñanzas de los papas, obispos, rectores y docentes, todo ello dentro de un profundo respeto por la ciencia y la libertad de pensamiento.

Al conmemorar 8 décadas de servicio, la Universidad es, no solo un gran centro de ciencia, investigación e innovación, sino un bastión para los desarrollos futuros que requieren los acuerdos de paz: participa, entre muchas actividades de proyección social, en el programa "Ser pilo paga" con más de 1200 jóvenes de escasos recursos y de regiones apartadas, es líder en proyectos de etnoeducación que integra minorías de regiones olvidadas, es parte del programa social de becas con EPM y a través de la Fundación Solidaria brinda apoyo a estudiantes y barrios de escasos recursos.

Especial mención merece nuestra octogenaria Facultad de Derecho. La Escuela fundadora de la Universidad ha sido durante 80 años pilar y soporte doctrinario y profesional del papel de la Pontificia Bolivariana en el país. En sus aulas se han formado importantes personalidades del derecho y de la política. Con el fin de evitar dolorosos olvidos, no es oportuno mencionar nombres propios, pero sí resaltar la labor de cientos de egresados en estos 80 años, quienes sin importar el área en la que trabajan, llevan en su mente y corazón los postulados de solidaridad, lealtad y honestidad que recibieron en su formación. La facultad se ufana de tener entre sus egresados, un Presidente de la República, Presidentes de las Altas Cortes, destacados magistrados en estas y en los tribunales y prestantes profesionales en distintos campos de la academia y el litigio y en la dirección de empresas nacionales y extranjeras.

* Expresidente del Consejo de Estado y Decano de la Escuela de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana

Foto: El Colombiano.

Columna del Decano: razones para participar en el plebiscito

Luis-Fernando-AlvarezPor LUIS FERNANDO ÁLVAREZ J.* | Publicado en El Colombiano el 30 de septiembre de 2016.

Independiente del concepto que se tenga sobre cada uno de los puntos concertados en el acuerdo final suscrito entre el Gobierno Nacional y las FARC y la necesidad de convocar un plebiscito para ratificar lo convenido, lo cierto es que el próximo domingo 2 de octubre los ciudadanos debemos acudir a las urnas para expresar nuestra opinión con respecto a dicho acuerdo.

Ahora bien, como el pronunciamiento sobre los temas discutidos no es un asunto que sólo incumbe a líderes sociales y a expertos en política, economía y derecho, sino a toda persona responsable de sus obligaciones ciudadanas, es importante dar a conocer algunas ideas que pueden ser de utilidad para el ejercicio responsable de ese sagrado derecho, así:

Los artículos 22 y 258 de la Constitución Política, respectivamente, disponen que la paz como el voto, son derechos y deberes de obligatorio cumplimiento. Esto significa que participar en el plebiscito constituye un compromiso de ética social, política y jurídica, al que no puede sustraerse ningún ciudadano.

El plebiscito es una institución por medio de la cual se busca que la ciudadanía se pronuncie sobre una idea política. No se trata de discutir un texto, sino de formar un sentimiento general sobre el núcleo central del mismo.
Para el Plebiscito, el electorado debe conocer y pronunciarse sobre el mensaje central, pues si decidiera sobre cada uno de los asuntos discutidos, la respuesta siempre sería negativa, ya que es humanamente imposible un consenso absoluto sobre todo lo acordado.

En este orden de ideas, lo primero que hay que tener claro, es que en su esencia los acuerdos suscritos entre las partes, contienen dos mensajes fundamentales: Uno de transacción. Otro de transformación.

El mensaje de transacción se resume en el compromiso de las FARC de aceptar el modelo de Estado, dejar las armas y la metodología violenta para afrontar los conflictos. A cambio, el Estado les reconoce y protege la capacidad necesaria para transformarse en partido político de oposición, deliberante, pero pacífico.

Pero también se trata de un acuerdo de transformación. Asuntos tan importantes como la tenencia y manejo de la tierra, el desarrollo agropecuario, la participación política y los mecanismos de regionalización, hacen parte de una serie de postulados de transformación, cuya implementación requiere de años de trabajo conjunto por parte de distintos actores, quienes tendrán en el futuro asiento en el Gobierno, el Congreso o en una Asamblea Nacional Constituyente.

En síntesis: El 2 de octubre no se va a votar por la paz, ni esta se va a conseguir de manera automática a partir del día siguiente. Los colombianos vamos a votar unos acuerdos o unas paces, que en esencia plantean una nueva cultura para resolver en forma pacífica y con un alto grado de tolerancia, las dificultades y conflictos sociales. Las protestas sociales se van a incrementar y la clase dirigente presente y futura deberá demostrar criterio y actitud de paz, para que este esfuerzo no sea en vano.

* Expresidente del Consejo de Estado y Decano de la Escuela de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana

Foto: El Colombiano.

Columna del Decano: Actitud de paz

Luis-Fernando-AlvarezPor LUIS FERNANDO ÁLVAREZ J.* | Publicado en El Colombiano el 16 de septiembre de 2016.

El anhelo de paz no puede sintetizarse en un documento denominado Acuerdo para la Paz. La paz es una actitud, la paz es un comportamiento de todos los días, la paz es una forma del pensamiento. Independiente de los puntos concretos plasmados en el texto final, lo importante es tener presente que el documento suscrito contiene elementos de transformación y de transacción, orientados a presentar una nueva forma de afrontar los conflictos socio-políticos. En esencia, el documento final pretende: (i) Enseñar a los colombianos una manera diferente para asumir y pensar los conflictos y (ii) mostrar que esa nueva forma, servirá de guía para solucionar otras violencias. Como lo dice el experto español Rafael Grasa, las paces son acuerdos que se suscriben conforme unas reglas, la paz es un contexto a largo plazo que exige un cambio de actitud por parte de todos los miembros del grupo social.

Bajo estos presupuestos debe quedar en claro que la paz no se logró con los acuerdos del 26 de agosto, ni se obtendrá con la ceremonia protocolaria del 26 de septiembre, ni con el plebiscito del 2 de octubre, estas fechas son momentos del procedimiento para las paces o acuerdos, que expresan el anhelo de un pueblo por adquirir una metodología diferente para la solución de sus conflictos. Pero para que este futuro sea firme, es necesario una actitud hacia la paz, que debe nacer desde el propio lenguaje.

Aunque para algunos implique un sacrificio, en adelante no debemos referirnos a la otra parte con palabras como bandidos, terroristas o similares. Mucho menos, aceptar que se siga utilizando un lenguaje de guerra para referirnos a las actuaciones de nuestras propias instituciones, como cuando un alto funcionario del Estado, inconforme con una decisión judicial, descalifica la ecuanimidad de un juez de la República, para afirmar en forma peyorativa que el fallo que declaró la nulidad de una elección o nombramiento se produjo, no por argumentos jurídicos, sino por presiones políticas de los actores del conflicto.

Tampoco contribuye a la paz, cuando se califica como persecución política, las sentencias que involucran importantes servidores públicos, o se descalifica con idénticos argumentos, la decisión de cualquier otro órgano que en cumplimiento de sus funciones declara indigno el comportamiento de un importante funcionario público. No es posible hablar, "en modo paz", si a través del lenguaje se identifican en forma peyorativa las decisiones judiciales, cuando se refieren a personas de nuestros afectos políticos o de otra índole.

La paz no es solo un cambio de actitud por parte de los actores del conflicto armado, frente a la forma de asumir el manejo de los desacuerdos sociales, sino, y con más veras, un cambio de actitud de la propia institucionalidad y de la ciudadanía, cuando se evalúan las decisiones que de acuerdo con la Constitución y la ley se adoptan por los distintos órganos del Estado.

Mientras no haya una verdadera actitud colectiva de paz, ningún acuerdo producirá los efectos buscados.

* Expresidente del Consejo de Estado y Decano de la Escuela de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana

Foto: El Colombiano.

Columna del Decano: Pedagogía del plebiscito la pregunta (I) y la pregunta y la respuesta (II)

Luis-Fernando-AlvarezPor LUIS FERNANDO ÁLVAREZ J.* | Publicado en El Colombiano el 2 y el 9 de septiembre de 2016.

PEDAGOGÍA PARA EL PLEBISCITO: LA PREGUNTA (I)

En esta columna hemos afirmado que desde el punto de vista jurídico, el denominado plebiscito para la paz no era necesario, porque el Presidente no tiene la obligación constitucional de acudir a la ciudadanía para reafirmar los acuerdos suscritos, y especialmente porque según la interpretación de la Corte Constitucional, con un umbral del 13 %, cualquiera sea la respuesta, finalmente se impondrá el SI.

Sin embargo, aprobada la idea del plebiscito, es nuestro deber como académicos, iniciar un proceso intenso de pedagogía ciudadana. En este orden de ideas, el primer punto de análisis debe ser el relacionado con la pregunta que se formula, para cuya comprensión es importante revisar el antecedente histórico contenido en el plebiscito de 1957.

La Junta Militar, atendiendo los acuerdos suscritos entre los partidos tradicionales, expidió el decreto legislativo 0247 del 4 de octubre de 1957 por medio del cual convocó a todos los varones y mujeres mayores de 21 años para que expresaran su "aprobación o improbación a un texto indivisible" integrado por un preámbulo y 14 artículos relacionados con temas tan importantes como los derechos políticos de las mujeres, elecciones populares paritarias para corporaciones públicas, la institucionalización de la carrera administrativa, la obligación para el Gobierno de invertir no menos del 10 % del presupuesto en educación y otros. El decreto legislativo 0251 del 9 de octubre, adicionó lo relacionado con la conformación paritaria de las Altas Cortes y su integración por cooptación.

El decreto legislativo 0252 de octubre 16 de 1957 dispuso que el plebiscito se efectuaría el 1 de diciembre de 1957 y en su artículo 8° estableció que "las papeletas que han de usarse en el plebiscito llevarán, a manera de título, la siguiente leyenda: "Voto sobre la reforma constitucional propuesta por el Gobierno Nacional en los decretos 0247 y 0251 de 1957. El ciudadano en la misma papeleta dirá "SI" o "NO", como aprobación o negativa, respectivamente, del texto indivisible de la reforma".

Se trató de un enunciado demasiado técnico, pues remitió al ciudadano a otros textos normativos, todos ellos con contenidos técnico jurídicos bastante complejos. No obstante las críticas que originó, el plebiscito fue aprobado por abrumadora mayoría y sirvió de fundamento para las relaciones jurídico-políticas del siglo XX.

La pregunta que se formulará el 2 de octubre, dice: "¿Apoya el acuerdo final para terminación del conflicto y construcción de una paz estable y duradera? Aunque es más genérica y menos técnica en su enunciado, exige una mayor pedagogía respecto a su contenido y alcance.

En efecto, independiente de los análisis que se harán en futuras entregas, la pregunta permite exponer los siguientes interrogantes: (i) Qué efectos tiene que se hable de apoyar, no de aprobar. (ii) Qué alcance tiene, especialmente a nivel internacional, que se hable de acuerdo final sin mencionar que se suscribe entre el Gobierno y las FARC.

(iii) Para la historia y para las instancias nacionales e internacionales, qué significa hablar de terminación del conflicto.

PEDAGOGÍA PARA EL PLEBISCITO: LA PREGUNTA Y LA RESPUESTA (II)

De los estudios y programas permanentes que viene desarrollando la Facultad de Ciencias Políticas de la UPB, pueden extractarse algunas claves para una adecuada comprensión del documento de La Habana:

1. La búsqueda por la paz no se discute, pero sí los medios para alcanzarla. El horizonte de sentido que ha ofrecido la cultura occidental para resolver conflictos, se ha centrado en la argumentación racional, el Derecho y la dignidad de la persona humana. Ésta última ha estado alejada en los acuerdos.

2. En términos lingüísticos, la pregunta por el plebiscito está bien construida, cumple con las exigencias de la sintaxis. El título del acuerdo está incluido en la pregunta y se ha elegido el verbo "apoyar" en lugar de "aprobar", que a la larga expresan lo mismo y no advierten ambigüedades. Faltó escribir entre comillas el título del acuerdo e incluir la referencia a los actores y al conflicto concreto, porque el conflicto, como genérico, es una condición normal de la política.

3. En 24 de agosto de 2016 es un día histórico porque permite recuperar la idea de que en el mundo de la razonabilidad política, el "otro" puede entenderse como un adversario y no como un enemigo. En Colombia hay una relación de la violencia política que necesariamente hay que romper desde la participación ciudadana y procesos deliberativos.

Se abre una ventana de oportunidades para cambiar la historia del país. Esta no es la fecha de la paz, sino una posibilidad para lograr una paz sin solución armada, pero su impacto será notorio porque motivará la desaparición de otras violencias.

Marca el fin de una etapa y el inicio de otra; pero, nada está resuelto, se inicia la posibilidad de escribir una historia diferente. Si gana el SI, vendrán años de reconstrucción de paz con un sentido distinto de la práctica política.

4. Una cosa es hacer las paces y otra construir la paz, hacer paces es solo una negociación para poner fin a una confrontación armada. Sería "cambiar botas por votos". Se requiere de otros mecanismos para reconstruir la paz.

5. Lo importante no es únicamente el acuerdo, sino también su contexto. Un acuerdo de paz es una negociación adelantada según unas reglas establecidas, con o sin ayuda de terceros, garantes, acompañantes u observadores. El acuerdo no es de un partido o gobernante, es de toda una sociedad. En consecuencia, votar por el Sí o por el NO, debe ser congruente con la esencia del acuerdo.

6. En efecto, en esencia el acuerdo es más un instrumento de transacción que de transformación. Ésta se plantea fundamentalmente para momentos futuros, como sucede con lo atinente al desarrollo rural. Pero en términos de transacción, la guerrilla, como condición para participar en la vida política, acepta su derrota en este campo, pues el documento no cuestiona el modelo de Estado, al establecer como marco de interpretación los artículos 22 y 95 de la Carta Magna.

* Expresidente del Consejo de Estado y Decano de la Escuela de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana

Foto: El Colombiano.

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