Lunes, Oct 22nd

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Constitución y lucha contra la corrupción.

Luis-Fernando-AlvarezPor LUIS FERNANDO ÁLVAREZ J.* | publicado el 16 de abril de 2017 en El Colombiano.

Reflexión socio jurídica de Semana Santa. Nunca es tarde para intensificar la cruzada que viene adelantando el país contra la corrupción. Podría pensarse que superada la etapa crucial del proceso de paz con las FARC y encontrándonos en plena negociación con el ELN, la sociedad del pos acuerdo debe ocuparse de otras formas de violencia, entre las que se destaca la corrupción. Toda maniobra que suponga un comportamiento corrupto, implica un estado de violencia contra alguna persona individual o grupalmente reconocida, y en todo caso un atentado contra la estabilidad económica, social, jurídica y moral de la nación.

El constituyente de 1991 no fue ajeno a este llamado y por esa razón incorporó en la Carta varias disposiciones orientadas a proteger los intereses de los ciudadanos frente a toda práctica corrupta. El artículo 2° del Texto dispone que uno de los fines del Estado es “garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución”. En igual sentido se expresa el artículo 209 cuando dispone que la “función administrativa... se desarrolla con fundamento en los principios de igualdad, moralidad, eficacia, economía, celeridad, imparcialidad y publicidad...”, esquema sustancial, que recoge desde el punto de vista procedimental el artículo 88 al afirmar que “La ley regulará las acciones populares para la protección de los derechos colectivos relacionados ...con la moral administrativa”.

Lo expuesto significa que la Constitución Política, como era apenas lógico, propende por la persecución de las conductas corruptas, no sólo cuando se trata de actuaciones al margen de la ley, sino que va más allá y superando el límite de lo estrictamente legal, condena todo comportamiento que atente contra la moral pública. Se trata de un alcance ético - social que es necesario tener en cuenta al momento de evaluar el comportamiento de quienes tienen que ver con lo público.

Es que el constituyente no podía olvidar que las formas más sutiles de corrupción, muchas veces se adelantan dentro de un confuso marco de legalidad. Es el caso de los servidores públicos y aún de particulares, que buscan otorgarle a ciertas disposiciones un significado acomodado a sus intereses particulares, de manera que bajo una aparente o real sujeción a lo legal, terminan por adelantar conductas en contra de la ética social. La falta de definición legal y la relativa ausencia de formación conceptual, hacen que en más de una ocasión se carezca de certeza sobre el contenido moral de la conducta pública, dando la oportunidad a que comportamientos con propósitos oscuros, formalmente ajustados a la ley, se consideren de recibo, cuando en realidad no obedecen a un ajustado juicio de ética social.

La sociedad debe guardar especial cuidado, el tema de la corrupción no puede limitarse a conductas justiciables desde el punto de vista penal, hay un aspecto de moral pública o administrativa previsto por la Constitución, que no puede pasar desapercibido y debe ser objeto, por lo menos, de un estricto control social y político.

* Expresidente del Consejo de Estado y Decano de la Escuela de Derecho de la Universidad Pontificia Bolivariana

Foto: El Colombiano.

Venezuela: un drama constitucional que puede extenderse

Luis-Fernando-AlvarezPor LUIS FERNANDO ÁLVAREZ J.* | publicado el 7 de abril de 2017 en El Colombiano.

Independiente del significado de la curiosa revisión final, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, tomó la decisión de declarar la insuficiencia funcional de la Asamblea Nacional y asumir las funciones propias a esta.

El paso del estado legal al estado constitucional, que se construye bajo el postulado de que los jueces constitucionales deben velar por la adopción de medidas de inclusión y la protección de los derechos constitucionales, cuando los órganos constituidos del ejecutivo o del legislativo no actúan con esos propósitos, propios al modelo del estado social de derecho, se ha hecho coincidir con un nuevo esquema de interpretación, que permite a los tribunales constitucionales determinar los alcances de sus decisiones, mediante mecanismos de modulación de sentencias.

El problema consiste en mantener y defender esquemas fundamentales para la convivencia como la seguridad jurídica y el debido proceso, cuando los operadores manejan de manera abierta, con marcado sentimiento político, el afán protector y realizador de derecho, pues cuando así se actúa, es posible que se vulneren otros derechos, especialmente de quienes se encuentran en desacuerdo con las acciones y ejecuciones del gobernante de turno, quien además se preocupa por conformar una Corte de acuerdo con sus intereses particulares.

En la técnica jurídica tradicional, cuando un órgano actúa por fuera de la órbita funcional de sus atribuciones, la sanción consiste en anular sus decisiones por inconstitucionales o ilegales e investigar disciplinaria y hasta penalmente a quien por exceso o defecto vulneró los limites racionales de su competencia. Bajo el nuevo esquema del control de constitucionalidad, el operador judicial, al momento de determinar los alcances de los efectos de sus decisiones, no le basta con anular decisiones que considera contrarias a derecho, sino que obliga a los demás órganos a adoptar medidas o lo que es aún más preocupante, el órgano judicial de cierre resuelve asumir una determinada competencia, ignorando los principios de separación de funciones y las normas constitucionales y legales sobre asignación expresa de competencias. Es decir, el órgano de cierre deja de actuar como juez, y desarrolla tareas que son propias de otros órganos de poder.

Pero, como toda institución que se va desnaturalizando, la absorción indebida de funciones por parte del órgano judicial de cierre, es cada día mayor, hasta llegar al caso extremo de Venezuela, donde al Tribunal Superior de Justicia no le bastó con asumir algunas competencias ajenas, sino que optó por asignarse todas las atribuciones de la Asamblea Nacional, con el argumento de que esta se encontraba en una situación de “desacato” a sentencias del propio Tribunal.

Dispuso que serían asumidas por la Sala Constitucional o por el órgano que ella dispusiera, supuestamente en defensa de estado de derecho, desvertebrando el esquema de la división y separación de poderes, principio rector del constitucionalismo occidental.

Se trata de un golpe de estado propiciado por el órgano judicial de cierre, que desconoce la esencia del estado de derecho y construye una tiranía judicial.

* Expresidente del Consejo de Estado y Decano de la Escuela de Derecho de la Universidad Pontificia Bolivariana

Foto: El Colombiano.

III Seminario en sistema y control penal, derecho penal y filosofía

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Columna del Decano: Colombia sin vicepresidente

Luis-Fernando-AlvarezPor LUIS FERNANDO ÁLVAREZ J.* | publicado el 24 de marzo de 2017 en El Colombiano.

El artículo 202 de la Constitución Política dispone que “el Vicepresidente de la República será elegido por votación popular el mismo día y en la misma fórmula con el Presidente de la República”.

Más adelante agrega: “El Vicepresidente tendrá el mismo periodo del Presidente y lo reemplazará en sus faltas temporales o absolutas, aún en el caso de que estas se presenten antes de su posesión. En caso de falta absoluta, el Vicepresidente asumirá el cargo hasta el final del periodo. En las faltas temporales bastará con que el Vicepresidente tome posesión del cargo en la primera oportunidad para que pueda ejercerlo cuantas veces fuere necesario”.

Por su parte, el artículo 203 Superior estatuye que “A falta del Vicepresidente cuando estuviera ejerciendo la Presidencia, esta será asumida por un Ministro en el orden que establezca la ley”. Dispone, que la persona que reemplace al Presidente, pertenecerá a su mismo partido o movimiento y ejercerá la Presidencia hasta cuando el Congreso, por derecho propio, dentro de los treinta días siguientes a la fecha en que se produzca la vacancia presidencial, elija al Vicepresidente, quien tomará posesión de la Presidencia de la República.

La Constitución Política regula la posibilidad de que el Vicepresidente asuma la presidencia en caso de falta absoluta del Presidente de la República, así como el procedimiento constitucional que se seguiría, cuando posteriormente se presente falta absoluta del Vicepresidente, estando en ejercicio de la presidencia.

En otro orden de ideas, el artículo 205 de la Carta dispone a la letra: “En caso de falta absoluta del Vicepresidente, el Congreso se reunirá por derecho propio o por convocatoria del Presidente de la República, a fin de elegir a quien haya de reemplazarlo por el resto del periodo. Son faltas absolutas del Vicepresidente: su muerte, su renuncia aceptada y la incapacidad física permanente reconocida por el Congreso”.

Las normas transcritas permiten establecer claridad sobre las circunstancias y situaciones especiales que se presentan en caso de faltas absolutas del Presidente de la República y del Vicepresidente, tanto en el caso en que se encuentre ejerciendo las funciones de Presidente, como cuando solamente detenta la investidura de Vicepresidente.

Pero, ¿qué sucede durante el tiempo que transcurre entre el momento en que el Vicepresidente muere o se le acepta su renuncia y la fecha en la que el Congreso elige al nuevo Vicepresidente? Aunque el Vicepresidente es una especie de servidor virtual, cuya vocación real para ejercer la Presidencia se supedita a que se presente una falta del Jefe de Estado, puede ocurrir que el Congreso acepte la renuncia presentada por el Vicepresidente, como acaba de suceder con el Dr. Germán Vargas Lleras, pero resuelva aplazar la elección del nuevo Vicepresidente para una fecha posterior, como efectivamente lo ha decidido el Congreso. El grave peligro consiste en que existe la posibilidad de que en ese entretiempo se produzca una falta absoluta del Presidente, sin que haya claridad sobre las consecuencias que generaría ese súbito vacío de poder.

* Expresidente del Consejo de Estado y Decano de la Escuela de Derecho de la Universidad Pontificia Bolivariana

Foto: El Colombiano.

Participación de UPB en el 12 Concurso de Mediación Internacional de la CCI.

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El pasado febrero, los estudiantes de la Facultad de Derecho Elisa Mejía, Helena Munera, Argent Stambulie y Juan José Hoyos bajo la dirección del docente Néstor Raúl Londoño S., representaron a la Universidad Pontificia Bolivariana en el 12 Concurso de Mediación en Comercio Internacional de la Cámara de Comercio Internacional con sede en París.

La preparación de este concurso se realizó en el marco del semillero de investigación en Derecho en la línea de Derecho Mercantil Internacional.

El concurso, se desarrolló entre el 3 y el 10 de febrero y consiste en la preparación de 8 casos, 4 casos en la ronda preliminar y 4 casos en la ronda final, en los cuales cada equipo representa una de las partes, debe preparar el caso y presentarlo ante la otra parte y el mediador. En la ronda preliminar cada sesión es observada por dos jueces que evalúan a los equipos contendientes.

Este año el equipo de la UPB obtuvo el puesto 25 entre las 65 universidades competidoras, se enfrentó a Université de Lorraine (Francia), Milton Campos (Brasil), University of Houston Law Center (Estados Unidos) y Università degli Studi di Milano-Bicocca (Italia), obteniendo 214.5 puntos y con 5 jueces asignando la vitoria en diferentes sesiones.

El trabajo en este concurso está orientado a un desarrollo de las habilidades orales, de estudio y análisis de casos, acercando a los estudiantes a la realidad de los negocios internacionales y proveyendo una oportunidad para tejer contactos internacionales y darse a conocer en el mundo como futuros profesionales del derecho.

Foto de una sesión: Elisa Mejía y Juan José Hoyos (UPB) escuchan la retroalmientación de los jurados, al frente el quipo de la Universidad Milton Campos (Laura Fonseca y Fernanda Olivera), en el extremo de la mesa el Mediador Spyridon Antonelos.

Consultorio Jurídico UPB realiza actividades en Blanquizal, Comuna 13.

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El Consultorio Jurídico y Centro de Conciliación Pío XII de la Facultad de Derecho de la UPB tienen como objetivo principal la formación de sus estudiantes como profesionales competentes en todas las áreas del conocimiento jurídico y ofrece un servicio social de asesoría a las personas de escasos recursos económicos al tenor de la ley 583 de 2000.

De acuerdo con esto, los estudiantes, docentes y directivos del consultorio jurídico han venido realizando Brigadas jurídicas en cumplimiento al Plan Operativo, en diferentes barrios de la ciudad, siendo el más reciente, el realizado en el sector Blanquizal, Comuna 13, el día sábado 11 de marzo del año en curso.

En el salón parroquial de la parroquia Ecce Homo orientada por el Presbítero Luis Mauricio Echavarría Castañeda, se estableció una sede satélite y temporal del Consultorio para brindarle a la comunidad asesorías legales de forma gratuita, debidamente motivadas y fundamentadas, contando con el acompañamiento de los docentes asesores del consultorio.

Así mismo, los estudiantes integrantes de la Clínica Jurídica realizaron un exhaustivo trabajo de campo en el sector, donde se conversó con la comunidad y se realizó una caracterización de la misma, para identificar la población vulnerable e identificar posibles vulneraciones a los derechos e intereses colectivos de esta comunidad.

Con este tipo de actividades se busca garantizar el derecho de acceso a la justicia de personas de escasos recursos económicos, así como la atención de problemáticas jurídicas y sociales estructurales, por tal razón cada semestre los estudiantes hacen un acompañamiento en brigadas a los sectores más vulnerables de la sociedad.

A la memoria del profesor Carlos Alberto Jaramillo Restrepo por: Julio E. González Villa

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"Boecio recuerda todos los beneficios de que lo colmó la vida: riquezas, y "un suegro noble y una esposa casta", e hijos ejemplares; recuerda sus dignidades y el orgulloso momento en que su elocuencia conmovía a un Senado cuyos cónsules presidentes eran ambos hijos suyos. Tal felicidad (dice) no puede durar eternamente; la fortuna debe equilibrarla de vez en cuando con un golpe depurador; y tanta felicidad puede perdonar a tan fatal calamidad. Sin embargo, esa felicidad recordada puede hacer más aguda la aflicción: "en todas las adversidades de la fortuna –dice Boecio con palabras cuyo eco se oye en la Francesca de Dante-, la clase peor de infortunio es el haber sido feliz". Pregunta a Doña Filosofía, que él personifica según el estilo medieval, dónde se halla la verdadera felicidad; descubre que no está en la riqueza ni la gloria, el placer ni el poder; y concluye que no hay felicidad verdadera ni segura salvo en la unión con Dios; "la beatitud es una con la divinidad". Extrañamente, no hay sugestión, en este libro, de inmortalidad personal, ni referencia al cristianismo ni a ninguna doctrina concretamente cristiana, ni una línea que no hubiese podido ser escrita por Zenón, Epicteto o Marco Aurelio. La última obra de la filosofía pagana fue escrita por un cristiano que, en la hora de la muerte, se acordaba de Atenas más que del Gólgota." , leía el sábado 11 de marzo de este año, día en que recibí la amarga noticia del fallecimiento del ilustre Doctor Carlos Alberto Jaramillo Restrepo.

En mi opinión, lo que dice Durant de Boecio, y lo que dice Boecio, podría predicarse de Carlos Jaramillo.

El Doctor Carlos Jaramillo fue mi profesor de Derecho Penal Especial en la ilustre Facultad de Derecho de la Universidad Pontificia Bolivariana. Fue profesor de esa honrosa facultad desde 1974 hasta el 11 de marzo del 2017: 43 años al servicio de la más digna de las ocupaciones: la docencia.

No recuerdo haberle visto una tiza en la mano, ni tampoco verlo sentado. Su clase era magistral, su verbo elocuente, sus ademanes teatrales, calculados; sus elegantes trajes que sabía llevar, siempre oscuros; su camisa blanca, generalmente; siempre irónico, con humor. Era una delicia escuchar su clase, ese era un maestro. Y un maestro sólo tiene una forma de enseñar: la clase magistral. Qué maravilla haber tenido la oportunidad de haber sido su alumno.

En la facultad de Derecho de la Bolivariana era un decano sin decanatura. Cuando hablaba, y nuca dejaba de opinar, lo hacía con autoridad; su voz era respetada; su criterio orientaba; su franqueza, fuerte, nunca hirió. Nunca entendí por qué no fue nombrado decano en propiedad, pero lo era de hecho, y gracias al Dr. Carlos Jaramillo, la facultad de Derecho aún es, y seguirá siendo, el lugar donde se forman los grandes abogados de Antioquia, para Antioquia, y desde Antioquia para el País.

Recuerdo que empezando mi carrera, el Dr. Carlos Jaramillo vivía con su señora madre en una pequeña finca y, un compañero mío, un poco descarado, se le apareció un sábado allá. Me dijo que le había sorprendido encontrarlo descansando leyendo a Balzac. También recuerdo que me regaló un perro, se llamaba, según me dijo cuando me lo entregó, Plauto. Ese era el profesor Jaramillo, un humanista, un lector de los clásicos, un abogado a quienes apodábamos cariñosamente "El Príncipe del Foro". Recuerdo esa imponencia, esa donosura cuando hacía sus defensas penales en el Palacio de Justicia ante el Jurado. Cómo gozábamos sus alumnos llenando esas salas de audiencia y cuando escuchábamos finalmente el "Inocente" del Jurado, y, aunque estaba prohibido, prorrumpíamos en un aplauso cerrado.

Luego de egresar de la facultad de Derecho, el Doctor Carlos Jaramillo Restrepo se convertía en el colega a quien uno siempre consultaba y recomendaba; su Despacho lleno de libros, hermoso paisaje que disfrutamos quienes fuimos sus alumnos y amigos; siempre recibía con amabilidad a quienes fuimos sus alumnos y luego sus colegas.

Carlos Jaramillo Restrepo, hizo una escuela, sin aspavientos; la gran escuela de penalistas de la Facultad de derecho de la Bolivariana, todos hechos a su imagen y semejanza. Era el maestro. Sus egregios alumnos: Carlos Mario Molina Arrubla, Ricardo Molina, Henry Solano, Julio Darío Vélez, Sebastián Estrada, Jorge Ignacio Calle, Felipe Duque. Tienen la posta y seguirán enseñando a sus alumnos lo que aprendieron de su maestro.

Del Doctor Carlos Jaramillo Restrepo, aunque podría decir mucho, solo quiero recordar algo que le caracterizó, la palabra. Nunca dejó nada escrito, salvo sus alegatos, nunca le conocí un artículo, menos un libro. Toda su elocuencia la vaciaba en la palabra. Sobre ello dijo Angel Ossorio en su Alma de la Toga: "Quien no fíe en la fuerza del verbo, ¿en que fiará? El verbo es todo: estado de conciencia, emotividad, reflexión, efusión, impulso y freno, estímulo y sedante, decantación y sublimación...Donde no llega la palabra brota la violencia. O los hombres nos entendemos mediante aquella privilegiada emanación de la Divinidad, o caeremos en servidumbre de bruticie."

Paz en su tumba al elocuente profesor.

Se fue otro grande de la Facultad de Derecho de la Universidad Pontificia Bolivariana

Medellín, marzo 12 del 2017.

JULIO ENRIQUE GONZALEZ VILLA
Profesor Titular

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